Climatic Tasting Chamber
Boltshauser Architekten & Garbizu Collar Architecture
Entorno Iglesia de Santiago
2026
En La Rioja, la tierra no es solo soporte: es identidad. Da forma al paisaje, a los viñedos y a las maneras en que el territorio se ha habitado y construido durante siglos. Igual que en el vino, el terroir puede entenderse como una construcción colectiva donde suelo, clima, tiempo y conocimiento humano son inseparables. Trasladada a la arquitectura, la tierra se convierte en un material capaz de generar espacio, atmósfera y confort climático: su masa produce sombra, frescor e inercia térmica.
Climatic Tasting Chamber plantea un pabellón construido con tierra compactada y barricas de vino reutilizadas, concebido como un mockup a escala real de un sistema constructivo circular y extensible. Una vez finalizado su ciclo enológico, las barricas se reutilizan primero como encofrado para compactar los muros de tapial y, después, como soporte estructural de la cubierta, quedando plenamente integradas en la arquitectura. El resultado es una construcción de emisiones de CO₂ prácticamente nulas: la tierra procede del propio lugar, se compacta con un consumo energético mínimo y puede volver al suelo al final de la vida del edificio sin generar residuos. La arquitectura no consume material, lo reorganiza temporalmente.
Más allá de su dimensión constructiva, el pabellón funciona como una Cámara de Cata Climática: un espacio donde el vino no se degusta en condiciones neutras, sino dentro de las mismas variables ambientales que lo originan. Frente a la estandarización de las salas convencionales, la propia masa y orientación del edificio activan gradientes reales de temperatura, humedad y luz, y el olor a madera reutilizada y tierra compactada convierte el terroir en una experiencia corporal directa, que puede ampliarse con una propuesta gastronómica de proximidad.
Desarrollado por Roger Boltshauser —referente internacional de la construcción con tierra y profesor en la ETH Zúrich— junto a Garbizu Collar, el proyecto subraya el paralelismo entre arquitectura y vino: ambos dependen del tiempo, del cuidado, de la materia local y de una gestión precisa de los recursos. Transformar la tierra en arquitectura es hacer visible aquello que suele permanecer implícito: que el vino es el resultado de una relación profunda, climática y paciente con el territorio.
