Zubía’s Laboratory
Zeppelin Design
Glorieta del Doctor Zubía
2025
Zubía’s Laboratory transforma la Glorieta del Doctor Zubía en un laboratorio al aire libre que conecta el legado científico de Ildefonso Zubía con un dispositivo contemporáneo de observación. Un enclave tradicionalmente percibido como remanso de calma y contemplación —con sus pequeñas fuentes y el monumento al naturalista— se reimagina como un pequeño museo al aire libre, un micro-observatorio donde mirar, escuchar y jugar.
El proyecto rinde homenaje a Ildefonso Zubía Icazuriaga (1819–1891), farmacéutico, naturalista y educador en Logroño, después catedrático de Historia Natural en la Universidad de Oviedo, cuyo herbario reunió cerca de 4.300 especímenes de algas, hongos, líquenes, briófitos y plantas vasculares del norte de España. Ese legado se traduce en un instrumento espacial tecnopoético compuesto por dos dispositivos inspirados en los aparatos de observación y la imaginería científica del siglo XIX.
El primero, un caleidoscopio, invita a tumbarse y sumergirse en una composición fragmentada y armónica de cielo y árboles: su interior espejado refracta el paisaje en un campo visual siempre cambiante, mientras su geometría prismática actúa como embudo acústico que captura y amplifica los sonidos del entorno —hojas, agua, voces lejanas— en una experiencia auditiva envolvente.
El segundo, un microscopio, permite observar fragmentos del entorno con un detalle amplificado a través de grandes lentes circulares: insectos, nervaduras de las hojas, texturas de corteza, bellotas o nubes. Niños y adultos pueden recoger pequeños objetos del parque —hojas, flores, ramas, piedras— y colocarlos tras las lentes, convirtiéndolos en sujetos de estudio; cuando no se usan, las lentes dibujan un sutil juego de luz sobre el suelo.
A través de mecanismos sencillos pero evocadores, la instalación propone un cambio de percepción: pasar de atravesar el espacio a investigarlo. Lo ordinario se vuelve campo de descubrimiento y la observación, un ritual lúdico que reconecta a los visitantes con los sistemas vivos de la ciudad, amplificando la presencia de la naturaleza urbana y prolongando el espíritu curioso e incansable que guió la obra de Zubía.
